Orquesta
IL SOGNO & LA DORA FESTEGGIANTE
Vicent Martin i Soler (Valencia 1754-Saint Petersbourg 1806)
Vicent Martín i Soler
ProgramaIL SOGNO & LA DORA FESTEGGIANTE
Vicent Martin i Soler (Valencia 1754-Saint Petersbourg 1806)
Il Sogno, Viena 1789. Libreto de Lorenzo Da Ponte.
La Dora Festeggiante, Turín 1783. Libreto de Cesare Olivieri
Juan Bautista Otero, Director
Sunhae Im, Soprano
Raffaella Milanesi, Soprano
Magnus Staveland, Tenor
Orquesta -RCOC- Real Compañía Ópera de Cámara de Barcelona: 3 solistas y 28 músicos.
DURACIÓN DEL CONCIERTO: 1'30'' sin pausa.
CONTACTO PARA VENTA DEL CONCIERTO:
concerts@rcoc-orquesta.com
Telf.0034.609.84.98.82
El presente programa reúne las dos únicas cantatas escénicas de Martín y Soler localizadas hasta la fecha: La Dora festeggiante (Torino, 1783), con poesía de Cesare Olivieri, e Il Sogno (Viena, 1787) -único ejemplo de colaboración de Martín y Soler con Da Ponte en esta forma más extensa del género; ambas, junto con Il re Gerone (Nápoles, 1779) con libreto de Luigi Serio y La deità benefica (San Petersburgo,1790), con texto de Ferdinando Moretti, constituyen el corpus principal de cantatas profanas del compositor valenciano.
Prólogo de celebración para sus óperas Il Vologeso e In amor ci vuol destrezza o L’accorta cameriera, y estrenada en el Teatro Regio, La Dora festeggiante fue escrita para festejar la llegada a Turín, bañada por el río Dora, del archiduque Fernando -hermano del emperador José II de Austria-, y su mujer la archiduquesa Beatriz de Este. La Dora festeggiante constituye un testimonio excepcional de la transición de Martín y Soler hacia el dramma giocoso, género con el cual cosechó su mayor prestigio en toda Europa. Presenta de manera sintética una fusión de brillantes elementos de orquestación y exquisitez melódica propia de sus óperas serias alternada con la fragilidad y libertad musicales que caracterizarán sus geniales dramas giocosi.
Il Sogno y La Dora festeggiante son precisamente un pequeño fresco de este período de transformación, aún no resuelto, del individuo y los prototipos de una sociedad finisecular erosionada por demasiados lastres sociales. La Dora representa el final de una época, en la que los dioses olímpicos sirven de modelo del comportamiento humano, mientras que Il Sogno, es, en el fondo, una obra de espíritu prerromántico, en la que las ninfas ya no son seres inalcanzables, seres que no padecen sufrimientos o pasiones humanas sino que al contrario, las encarnan, las viven en la propia piel a pesar de estar en un idílico paraje. Da Ponte ha escogido un acontecimiento como es el soñar y una acción tan cotidiana como es su interrupción para subrayar las consecuencias en unos seres que antes, como modelos arcádicos, no las sentían.
En la Viena de José II, en donde se vivía por primera vez la libertad de expresión y la abolición de la censura, en donde a Da Ponte le era permitido hacer públicas obras como Le nozze di Figaro (1786), L’Arbore di Diana(1787), o Don Giovanni(1787), sorprende a primera vista que el libretista véneto escogiera para la composición de Il Sogno, precisamente como modelo la fuente de inspiración más recurrida durante todo el siglo anterior y parte del que entonces vivían: la Arcadia. Pero bajo esa aparente opacidad y simplicidad de la acción y los personajes, de esa ingenuidad casi tópica del libreto, se esconde en realidad un pequeño texto que atesora el espíritu del libre pensamiento.
Una primera aproximación al libreto nos convulsiona por la desnudez de tensión dramática: la acción trascurre en un bosque de la Arcadia en donde la ninfa Egle busca desesperadamente a su hermana Nice, a quien finalmente encuentra durmiendo en una parte del mismo. Egle observa la placidez de su sueño y, celosa, decide despertarla... En El Sueño de Martín y Da Ponte Nice, la ninfa cuyo rechazo a tantos pretendientes, cuya belleza y altivez -propios de la diosa Diana-, inspiró multitud de poemas y composiciones, es quien persigue a su amante y por su osado deseo desata las iras de los dioses. Se han invertido los papeles y en consecuencia, los ideales: lo antes soñado, la ninfa, es quien sueña con un ser humano, con alguien carnal y perecedero, el pastor Fileno.
Orquestada a partir de la disposición completa de instrumentos de viento, metal y cuerda propia de la orquesta clásica, Il Sogno está estructurada como una ópera en un solo acto. Una sinfonía inicial en un único movimiento inicia ese proceso inconcluso de transformación, sobre el cual se articulan las arias para cada uno de los tres personajes. Martín emplea aquí exclusivamente el aria en rondó, la forma más delicada y expresiva de la época y que el valenciano venía empleando desde diez años atrás para los momentos más turbadores de sus óperas. Una fuente inagotable de recursos melódicos y rítmicos al servicio de un insistente affetto que alienta la obra de principio a fin y a la que da forma recurriendo a una intervención orquestal comedida, vigorosa o minimal pero siempre desechando cualquier ostentación superflua para alcanzar una inquebrantable cohesión entre pieza y pieza. De este modo logra un efecto de durchkomponiert, de secuencia ininterrumpida, unitaria, que como un bordón sustenta prodigiosamente un espíritu de fragilidad, de agitación palpitante en ese sueño de lo desconocido.
Consecuencia de esta incertidumbre es la duda transformada en esperanza que constituye el final de la cantata, que significativamente no concluye con el rotundo coro final apoteósico de encomio que sería propio de éste género. La posibilidad de un desenlace a los acontecimientos relatados aparece expresado mediante un canon que individualiza esas esperanzas en tres mundos paralelos bien diferenciados: Egle o la negación del cambio, Nice o la duda en la transformación, Fileno o la inseguridad de lo porvenir, y que dan sentido a una obra en la que la Arcadia es cuestionada, en la que Martín y Da Ponte ponen los interrogantes pero no parecen imponer respuestas a esa transgresión de lo idílico. El sueño...¿cuánto se había escrito hasta entonces sobre ese mundo, ese estado entre la vida y la muerte? Sin embargo aquí lo onírico es lo carnal. Y los tres ejes delineados por los tres personajes, la negación del cambio, la duda de la transformación y la inseguridad de lo porvenir parecen representar tres ejes de una misma persona, abocada sin respuestas aún, a una nueva concepción del hombre a las puertas del siglo XIX.
© Juan Bautista Otero
Barcelona 2010
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